Ilustració: Olaf Hajek



Lo que hay no siempre es lo que es
y lo que es
no siempre es lo que ves.

Pedro Guerra


martes, 8 de septiembre de 2009

Lis Salander, l'abolucionista?

La lectura de la trilogia Milenium encuadra perfectament en els moments polítics, econòmics, de lluita feminista i de reinvidicacions globals actuals, per la qual cosa torno a insistir en recomenar-la, és més, crec que seria útil, tant des de la perpectiva educativa com literària, que es treballés als instituts, fos en forma de fòrum, de joc educatiu o de classe convencional de literatura (com a deures estivals..., se m'acut humilment). Arribar a tal suggeriment m'ha vingut donat llegint l'article al Pais de diumenge passat del gran escriptor M.Vargas Llosa, qui lluny d'estar instal.lat en posicionaments revolucionaris és del tot reconegut com a erudit i assagista, amb pensaments i crítiques molt lúcides.


La crítica de Milenium de Mario Vargas Llosa
Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo, todo aquello que el lector inocente (el "lector-hembra" lo llamaba Cortázar para escándalo de las feministas) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa.
¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. ¿Qué mejor prueba que la novela es el género impuro por excelencia, el que nunca alcanzará la perfección que puede llegar a tener la poesía? Por eso es posible que una novela sea formalmente imperfecta, y, al mismo tiempo, excepcional. Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado.Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.La novelista de historias policiales Donna Leon calumnió a Millennium afirmando que en ella sólo hay maldad e injusticia. ¡Vaya disparate! Por el contrario, la trilogía se encuadra de manera rectilínea en la más antigua tradición literaria occidental, la del justiciero, la del Amadís, el Tirante y el Quijote, es decir, la de aquellos personajes civiles que, en vista del fracaso de las instituciones para frenar los abusos y crueldades de la sociedad, se echan sobre los hombros la responsabilidad de deshacer los entuertos y castigar a los malvados. Eso son, exactamente, los dos héroes protagonistas, Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist: dos justicieros. La novedad, y el gran éxito de Stieg Larsson, es haber invertido los términos acostumbrados y haber hecho del personaje femenino el ser más activo, valeroso, audaz e inteligente de la historia y de Mikael, el periodista fornicario, un magnífico segundón, algo pasivo pero simpático, de buena entraña y un sentido de la decencia infalible y poco menos que biológico.¡Qué sería de la pobre Suecia sin Lisbeth Salander, esa hacker querida y entrañable! El país al que nos habíamos acostumbrado a situar, entre todos los que pueblan el planeta, como el que ha llegado a estar más cerca del ideal democrático de progreso, justicia e igualdad de oportunidades, aparece en Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, como una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones y el establishment en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones priístas o fujimoristas. Menos mal que está allí esa muchacha pequeñita y esquelética, horadada de colguijos, tatuada con dragones, de pelos puercoespín, cuya arma letal no es una espada ni un revólver sino un ordenador con el que puede convertirse en Dios -bueno, en Diosa-, ser omnisciente, ubicua, violentar todas las intimidades para llegar a la verdad, y enfrentarse, con esa desdeñosa indiferencia de su carita indócil con la que oculta al mundo la infinita ternura, limpieza moral y voluntad justiciera que la habita, a los asesinos, pervertidos, traficantes y canallas que pululan a su alrededor.La novela abunda en personajes femeninos notables, porque en este mundo, en el que todavía se cometen tantos abusos contra la mujer, hay ya muchas hembras que, como Lisbeth, han conquistado la igualdad y aun la superioridad, invirtiendo en ello un coraje desmedido y un instinto reformador que no suele ser tan extendido entre los machos, más bien propensos a la complacencia y el delito. Entre ellas, es difícil no tener sueños eróticos con Monica Figuerola, la policía atleta y giganta para la que hacer el amor es también un deporte, tal vez más divertido que los aerobics pero no tanto como el jogging. Y qué decir de la directora de la revista Millennium, Erika Berger, siempre elegante, diestra, justa y sensata en todo lo que hace, los reportajes que encarga, los periodistas que promueve, los poderosos a los que se enfrenta, y los polvos que se empuja con su esposo y su amante, equitativamente. O de Susanne Linder, policía y pugilista, que dejó la profesión para combatir el crimen de manera más contundente y heterodoxa desde una empresa privada, la que dirige otro de los memorables actores de la historia, Dragan Armanskij, el dueño de Milton Security.La novela se mueve por muy distintos ambientes, millonarios, rufianes, jueces, policías, industriales, banqueros, abogados, pero el que está retratado mejor y, sin duda, con conocimiento más directo por el propio autor -que fue reportero profesional- es el del periodismo. La revista Millennium es mensual y de tiraje limitado. Su redacción, estrecha y para el número de personas que trabajan en ella sobran los dedos de una mano. Pero al lector le hace bien, le levanta el ánimo entrar a ese espacio cálido y limpio, de gentes que escriben por convicción y por principio, que no temen enfrentar enemigos poderosísimos y jugarse la vida si es preciso, que preparan cada número con talento y con amor y el sentimiento de estar suministrando a sus lectores no sólo una información fidedigna, también y sobre todo la esperanza de que, por más que muchas cosas anden mal, hay alguna que anda bien, pues existe un órgano de expresión que no se deja comprar ni intimidar, y trata, en todo lo que publica e investiga, de deslindar la verdad entre las sombras y veladuras que la ocultan.Si uno toma distancia de la historia que cuentan estas tres novelas y la examina fríamente, se pregunta: ¿cómo he podido creer de manera tan sumisa y beata en tantos hechos inverosímiles, esas coincidencias cinematográficas, esas proezas físicas tan improbables? La verosimilitud está lograda porque el instinto de Stieg Larsson resultaba infalible en adobar cada episodio de detalles realistas, direcciones, lugares, paisajes, que domicilian al lector en una realidad perfectamente reconocible y cotidiana, de manera que toda esa escenografía lastrara de realidad y de verismo el suceso notable, la hazaña prodigiosa. Y porque, desde el comienzo de la novela, hay unas reglas de juego en lo que concierne a la acción que siempre se respetan: en el mundo de Millennium lo extraordinario es lo ordinario, lo inusual lo usual y lo imposible lo posible.Como todas las grandes historias de justicieros que pueblan la literatura, esta trilogía nos conforta secretamente haciéndonos pensar que tal vez no todo esté perdido en este mundo imperfecto y mentiroso que nos tocó, porque, acaso, allá, entre la "muchedumbre municipal y espesa", haya todavía algunos quijotes modernos, que, inconspicuos o disfrazados de fantoches, otean su entorno con ojos inquisitivos y el alma en un puño, en pos de víctimas a las que vengar, daños que reparar y malvados que castigar. ¡Bienvenida a la inmortalidad de la ficción, Lisbeth Salander!© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones
EL PAÍS, SL, 2009.© Mario Vargas Llosa, 2009.

2 comentarios:

"Tati-Pagès-Soulbizarre" dijo...

la peli és fantàstica, els llibres no els he llegit, començo la casa per la teulada?

la pepacana dijo...

tots som lis salander!
Quan s'ens colen a la cua del super, quan ens manguen la cartera, quan ens posen una multa, quan la tapa del wc està mullada, quan ens despatxan de la feina, quan ens toquen en el metro..., tots em somniat en la vengança pura i dura, tots en el fons som lis salander encotillats.

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Premià de Mar, Barcelona, Spain
No prescindiria ni de l’amor ni de la literatura. No deixaria mut ni el so de la marmota ni el del violí més pur. No eliminaria ni la flor ni la llamborda que la guarda. No oblidaria el color ni què fos el matís d’aquell gris. No fingiria dolor, pudor, potser sí la mort. No analitzaria sino fos per passió a allò o allò altri. No castigaria, ni anarquia, ni dubte, ni raó, ni tan sols l’oblid. No sabria si fugir si la mar es torna brava. No miraria el riu que no porta aigua, possiblement escoltaria la calma de la basarda. No m’estaria sense tu ni sense aquell altre. Ni sense l’escuma d’aquest dia o d’aquell que ara falta.

Así habló Zaratrustra. F. Niestche.

Cuando tras el naufragio Zaratustra fue devuelto a tierra, se preguntaba cabalgando sobre una ola: "¿Dónde se ha quedado mi destino? No sé a dónde va. Me pierdo a mí mismo”. –Se echa al tumulto. Entonces, sumido en el disgusto, busca cualquier cosa de consuelo- él mismo.


LA VIDA NO ES MÉS QUE L'ESCUMA DELS DIES, DEL TEMPS

A tot allò què pot convertir-se ... en moviment que esclata, en espuma.

Antonio Machado

Antonio Machado
"A las palabras de amor les sienta bien un poco de exageración"

"El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en verlo todo con nuevos ojos, en ver el universo con ojos de otro, de otros cientos, viendo los cientos de universos que cada uno ve." (Marcel Proust).

Que em disculpi la resta...

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- Jamás podré agradecértelo lo suficiente -dijo Chick - No me des las gracias -dijo Colin-. Lo que me interesa no es la felicidad de todos los hombres, sino la de cada uno de ellos. Estracte de conversa. Capítol XV. La espuma de los dias.

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En un minut hi ha molts dies. W.Shakespeare.

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La bruixa i l'extraterrestre